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jueves, 4 de marzo de 2010

El tio Conrado

El tio Conrado vivía en Escalera, mi antiguo pueblo. De el aprendí un par de cosillas. Ahí van.
Un día de invierno, de esos que hace frio de verdad, me lo crucé por la plaza del pueblo. Yo iba vestido con toda la ropa que tenía, anorak, gorro de lana, botas... y el tio Conrado con su chaquetilla y basta. Me dice "chico, ¿adonde vas tan abrigao?" y yo "es que hace frio" y el tio Conrado que me contesta "al frio hay que hacerle la contra" En eso pasaba por allí otra vieja del pueblo, la tia Fidela, que estuvo de acuerdo "hazle caso al Conrao, que es viejo".
Unos meses después fuí a casa del tio Conrado a llamar por teléfono. Sólo había un teléfono en todo el pueblo, que era público y estaba en su casa. Llego y le veo junto al fuego y con el anorak puesto. "Qué le pasa, ¿tiene frio?""Parece que me ha dado un no se que" me contestó y hablamos de cualquier cosa, lo típico de los pueblos. Murió a las pocas horas. Por abrigarse.
Al frio hay que hacerle la contra.

En otra ocasión, yo andaba de pastor con cuatro cabras. Las cosas de los hippies, todo el día en el monte para cuatro cabras... pero lo pasábamos bien. Yo tengo buen recuerdo de esos dias. Ya de vuelta para el pueblo, las cabras se paran en una finca llena de una hierba verde que yo no sabía lo que era. Las cabras se lo comían bien así que las dejé que comieran a gusto. En eso que llega el tio Conrado y se sienta a mi lado. Estuvimos hablando un buen rato hasta que se fue y yo seguí con las cabras. Cuando volví a casa después de cerrar a las cabras y ordeñarlas, me entero que esa finca estaba sembrada de pipirigallo, un tipo de alfalfa, y que el dueño era el tio Conrado. Estuvo sentado a mi lado, las cabras comiéndose su pipirigallo y no me dijo absolutamente nada. Nada de nada. Que vergüenza madre mía. Y que ignorante era. Si al menos me hubiera dicho algo, yo habría sacado a las cabras de allí inmediatamente, pero de este modo, aún no se me ha pasado la vergüenza. No se me olvidará en la vida. Y es que a veces, para enseñar, es mejor no decir absolutamente nada.

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