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sábado, 6 de marzo de 2010

No es bueno que el hombre esté solo

Una vez escribí un cuento sobre dos tablas que estaban unidas por un clavo. Ambas deseaban separarse y vivir en su propia libertad. Con muchos esfuerzos consiguieron desclavarse pero entonces llegó el hombre y las volvió a unir, esta vez con dos clavos. Para que no se desclavaran mas.
El cuento concluía con una moraleja "ya sabéis porque los guardias civiles van por parejas o porque la familia es la base de la sociedad".
Los musulmanes tienen un dicho parecido, no es bueno que el hombre esté solo, porque el demonio actúa mas fácilmente sobre el. De hecho, cuando estás con ellos, no te dejan a solas ni un segundo, lo hacen por tu bien en su opinión. Es su modo de ser hospitalarios y cuidar de ti.
En este caso, hombre se refiere a varón, pero yo me refiero a cualquier género, claro.
En los trabajos, los compañeros sirven para vigilarse unos a otros. En la familia, la pareja se vigila mutuamente, así como a los hijos. Los vecinos se vigilan en los pueblos. Los conductores, en la carretera. Todos dispuestos a criticar al otro a la mínima que haga. El que dirán, la opinión de los demás sobre la propia conducta, condiciona las decisones. Por otro lado, la necesidad de compañía del tipo que sea, parece ser grande en el género humano. Pertenecer al grupo nos define y nos da autoestima.
Y yo me pregunto, ¿hasta que punto en los grupos paganos existe lo mismo? El grupo debería estar al servicio de los individuos y no al revés. Sin embargo, mucho de lo que hacemos en grupo está pensado hacia el servicio a los demás, o a unas ideas, incluso hacia el servicio a la naturaleza o a un país, grupo social o individuo concreto. La forma de actuar es bien por consenso, bien por decisión de algunos, o está ya establecida. Al menos, así ha sido para mi en todos estos años y eso que yo he sido bastante libertario.
En mi caso concreto, se une además la responsabilidad de ser depositario de una Tradición de wicca alejandrina, por mucho tiempo el único en España y el que tiene mas experiencia y la responsabilidad de transmitir esta Tradición a los demás en la manera mas pura posible. Servicio y responsabilidad. Una carga muy pesada.
Pero yo soy el Quique, una persona con su corazoncito, mis necesidades, mis defectos y mi modo de ser. ¿y yo qué? ¿no debería estar mi religión a mi servicio y no yo al servicio de mi religión?
Una cosa parecida me pasó tras el nacimiento de mi hijo. Fue un parto en casa y yo ayudé lo mas posible. Todo por el bien de la madre y el niño y al final, la misma sensación de vacío ¿y yo qué? ¿quién ha cuidado de mi?
El resultado, en aquella ocasión, fue el divorcio. Y mucho me temo que ahora es el momento de volar libre otra vez. Toca desclavarse. El proceso será duro, pero... hay que hacerlo. Seguro que el Universo me premia con alguna otra aventura.

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