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sábado, 17 de abril de 2010

Como aparecieron los colores

Hubo un tiempo muy lejano en el cual los colores no existían. Solo existía la luz, y como la luz era blanca, donde había luz, todo era blanco. Donde no había luz, todo era negro. Y donde había poca luz, las cosas eran grises. Era un mundo de blancos, negros y grises. Y en este mundo vivían también los seres humanos, junto a los demás seres que conocemos.

Los seres humanos solo conocían este tipo de mundo, así que estaban acostumbrados a el. No eran felices, pero tampoco desdichados, vivían una vida en gris. Pero los Dioses del Cielo, que todo lo ven, vivían en un mundo de colores. Y la Madre, por Amor a sus hijos, quiso que el mundo de los seres humanos tuviera colores para que fueran más felices. “Así su vida será mas alegre” pensó.

La Madre buscó por el poblado de los seres humanos una joven pareja en el momento de darse el primer beso. En el preciso instante de inocencia, sencillez y deseo del primer beso de la joven pareja, la Diosa hizo que sus mejillas se ruborizaran. Se ruborizaron y sus mejillas aparecieron coloradas a los ojos del otro. La pareja nunca había visto ningún color y al ver el rojo en la cara del otro, rieron. El aliento de la risa trajo el color de la carne a sus cuerpos. Contentos con el juego, se volvieron a besar y soplaron en una planta que estaba a su lado. La planta se volvió verde. Y así, jugando, besando y soplando, dieron color a todo lo que les rodeaba.

Pronto, el juego se extendió por todo el poblado de los seres humanos. A base de jugar, besar y soplar, las parejas de seres humanos convirtieron todo su mundo en un mundo de color. Aquello les gustó mucho. Pero entonces, sintieron miedo de perder los colores si paraban de besarse y las autoridades decretaron que todos debían besarse sin parar. De modo que todos besaban a todos a todas horas, sin importar los sentimientos. Así se perdió la inocencia, la sencillez, el deseo y el juego. Los Dioses se sintieron molestos por este nuevo comportamiento de los seres humanos. Pero aún fue peor. Como los seres humanos solo pensaban en besarse en todo momento, dejaron de trabajar. Desatendieron todo tipo de trabajo, hasta las tareas domésticas. Cuando el primer bebé murió por falta de atención de sus padres, el Padre que está en los Cielos se enojó mucho y decretó la eliminación de todos los colores del mundo de los seres humanos.

Y así fue como los seres humanos volvieron a su mundo anterior de blancos, negros y grises. Volvieron al trabajo, pero perdieron para siempre la felicidad porque recordaban lo bonito que era aquel mundo de colores del que habían disfrutado. Era tanta la tristeza en el mundo de los seres humanos, que el Consejo de Ancianos decidió reunirse y rogar a los Dioses una solución para su pueblo. Al escuchar la petición de los Ancianos, se reunió también el Consejo de los Dioses.

En el Consejo de los Dioses, la Madre explicó que Ella solo quería llevar la felicidad a sus hijos pero reconoció que tanta felicidad había tenido consecuencias negativas. Todo el Consejo estuvo de acuerdo con esto. A su vez, el Padre explicó que El solo quiso detener estas consecuencias que a nadie gustaban, pero reconoció que su decisión había traído la tristeza a los seres humanos. Todo el Consejo estuvo de acuerdo con esto. La decisión del Consejo de los Dioses fue la siguiente, dividirían el día de los seres humanos en dos partes, una de color y otra en blanco y negro. Durante la fase de color, cada vez que algún ser humano, basta solo uno, besara a otro ser humano por otro motivo distinto a la inocencia, la sencillez, el deseo o el juego, o bien desatendiera sus faenas diarias, acabaría la fase de color y llegaría la fase de blanco y negro. Durante la fase en blanco y negro, cada vez que algún ser humano, basta solo uno, besara a otro ser humano con inocencia, sencillez, por deseo o por juego, o bien se acostara con la sensación del trabajo bien hecho, acabaría la fase en blanco y negro y llegaría una nueva fase de color.

Y así es como, desde entonces, en el mundo de los seres humanos existe el día y la noche y como la una sucede a la otra sin parar.


Quique. Mayo 2007

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